Un imán de capitales

INVERSIÓN EXTRANJERA

Un imán de capitales

Los datos e indicadores macroeconómicos del país juegan a favor de la atracción de la inversión extranjera. Inflación, devaluación, estabilidad jurídica, acuerdos comerciales y crecimiento de la economía son los cimientos de esa ventaja comparativa

Cuando una empresa analiza la viabilidad de emprender una inversión en otro país, toma en consideración dos grupos de variables. De un lado, las relacionadas con la macroeconomía; de otro, el estudio detallado del entorno, de la competencia y del mercado del sector hacia el que apunta, en dicho territorio.

El análisis del segundo permite determinar si el proyecto es rentable, si exige una financiación que rime con las políticas de endeudamiento, si la llegada al punto de equilibrio es razonable y, aún más, si es sostenible.

Los resultados del primero son una herramienta imprescindible que es tomada en cuenta por el comité de inversiones, o por la junta directiva, de una compañía, para dar el visto bueno para dirigir fondos hacia un plan de negocios en otro país. Bajo este panorama, el clima de inversión en República Dominicana es óptimo. Y existen varios factores que conducen a dicha conclusión: inflación de nivel bajo, devaluación controlada, régimen atractivo para la inversión externa con estabilidad jurídica, acuerdos con preferencias comerciales, y capacidad logística en mejora continua.

El descontrol en el crecimiento de precios es asunto del pasado. La tasa de cambio del dólar se está moviendo anualmente en un marco tolerable que no implica traumatismos ni amenazas que pudiesen propiciar una fuga de divisas. No existe un trato discriminatorio al capital extranjero, su campo de acción, su acceso a capitales o la repatriación de utilidades.

El país tiene en vigencia un conjunto de acuerdos de comercio que le garantizan acceso a las exportaciones hacia mercados como el de EE.UU. y otorgan ventajas arancelarias a las importaciones. Además, cuenta con una infraestructura en crecimiento, que en materia de facilidades portuarias, viales y aeroportuarias lo califica con altos niveles de eficiencia para el comercio internacional.

Ese conjunto de razones otorgan al país un distintivo que sirve de aliento a la inversión empresarial: el clima de inversión es plenamente favorable.

Una evidencia. Que respalda lo dicho es el más reciente informe (abril 2016) del Fondo Monetario Internacional sobre la economía latinoamericana que proyecta el crecimiento económico dominicano como uno de los dos más altos para 2016 y 2017, con niveles de 5.4% y 4.5% respectivamente. Sólo lo supera el PIB panameño, impulsado fundamentalmente por el impacto de la enorme inversión en el Canal. Y además, el mercado dominicano es foco de atracción porque su caso resalta en medio de un continente marcado por la desaceleración generalizada de su crecimiento económico.

El Banco Central sostiene que “el país continúa creciendo por encima de su potencial”. Para la Cepal, que prevé un crecimiento de 5.5% en 2016, hay dos factores a favor: “la continuidad del dinamismo de la demanda interna y condiciones externas favorables, debido a la baja del precio del petróleo y el dinamismo de la economía estadounidense”.

La tendencia de crecimiento de una economía es un factor de mucho peso a la hora de escogerla como destino de inversión. En el caso de la dominicana, ese crecimiento no es un comportamiento pasajero, sino un reflejo de la estabilidad en los fundamentos de la economía, y estos son un imán para el capital externo.