El deslizamiento suave de la devaLuación

MONEDA DOMINICANA

El deslizamiento suave de la devaLuación

A las empresas que exportan les es viable hacer estimaciones a diversos plazos en pesos, de los flujos de ingresos que percibirán en dólares, producto de sus ventas al exterior.
De acuerdo al Banco Central la moneda dominicana se está comportando con una tendencia de continua devaluación cercana al 3% anual, sin oscilaciones bruscas

Lejos de los turbulentos días que viven las monedas de las más grandes economías de Latinoamérica, el peso dominicano marcha por un sendero de suave devaluación, que permite la programación empresarial de flujos de divisas para operaciones de comercio internacional.

A las empresas que exportan les es viable hacer estimaciones a diversos plazos en pesos, de los flujos de ingresos que percibirán en dólares, producto de sus ventas al exterior. Ello es posible porque en sus cálculos pueden incorporar a sus ingresos futuros un porcentaje de depreciación de la moneda nacional que, de acuerdo con la experiencia de los últimos cinco años, es cercana al 3 % anual.

Por el lado de los importadores, la devaluación es una variable de alta prioridad en la programación de operaciones. Trátese de materias primas o de productos terminados, es imprescindible contar con una estimación muy real de la devaluación para establecer el costo final en moneda nacional de una compra hecha en el extranjero. Estos cálculos tienen mayor validez cuanta más previsibilidad haya en el mercado cambiario, una condición que juega a favor de República Dominicana.

En teoría, en aquellos países donde haya una tasa de cambio fijada por las autoridades monetarias, debería ser más fácil la planeación de flujos de divisas para las empresas que lleven a cabo operaciones de comercio internacional, por cuanto la tasa de cambio será siempre la misma. En la práctica, esa certeza es ficticia, dado que esos regímenes cambiarios inflexibles llevan a los bancos centrales a controlar la venta de dólares según el ritmo al que ingresen al país, y las operaciones de cambio tienden a ser demasiado lentas, perjudicando la actividad empresarial.

Latinoamérica es profundamente sensible a las condiciones imperantes en los mercados internacionales financiero y de commodities. De las tendencias de ambos pueden derivarse, en el primero, el comportamiento de los flujos de capitales externos hacia sus territorios, y en el segundo, el aumento o disminución de los ingresos por exportaciones. Ambas variables determinan la tasa de cambio.

Y puede ocurrir, como en efecto ya lo ha vivido la región, no solo un proceso fuerte de devaluación, sino incluso, periodos de revaluación. Si se trata de movimientos bruscos de aceleración de la devaluación, los perjuicios para la actividad importadora son enormes, porque encarece los costos de los bienes adquiridos, golpeando directamente la rentabilidad de una operación, en el caso de un producto final, o el costo de un proceso productivo, si la importación es de insumos.

La revaluación, o apreciación del valor de la moneda nacional contra la divisa extranjera, es también traumática para la actividad económica. Podría parecer ventajosa para quienes dependen de compras en el exterior, pero golpea de tal manera los ingresos de quienes exportan, que puede deprimir la actividad exportadora.

El mercado libre con estabilidad es el marco ideal para que una política cambiaria sea propicia a la inversión externa. El peso dominicano no sufre de las caídas bruscas de otras monedas, sino que se desliza suavemente por una pendiente de devaluación previsible. En el año 2015 cerró con una devaluación de 2.9%. En los dos últimos años la depreciación del peso fue de 6.6%, en los últimos tres de 12%, y en el lustro, de 21.5 %. Los saltos bruscos de la tasa de cambio no se perciben en el horizonte dominicano.

Los últimos datan del año 2003, cuando el dólar subió 99% en relación con la moneda nacional, y del 2004, año en que se registró una revaluación del 13%. Si en el presente año la devaluación suave mantiene una inclinación del 3%, el dólar podría cerrar cercano a los 47 pesos. En su balance del primer trimestre de 2016, el Banco Cetral subraya que la estabilidad cambiaria se refleja en una depreciación acumulada de 0.6% en dicho período.

Las monedas mexicana, brasileña, colombiana, peruana y chilena han soportado devaluaciones más fuertes en los dos últimos años; la argentina está en plena fase de sincerización, tras un largo período de congelamiento; ni hablar de la venezolana, un derrumbe sin parangón mundial. Tienen en común todas esas divisas una susceptibilidad alta a la tendencia de los precios de los commodities.

República Dominicana tiene dos consideraciones a su favor en ese escenario: no es productor de petróleo, sino que se beneficia de sus bajos precios, y tiene como sector clave al turismo, generador permanente de divisas. La tasa de cambio del peso refleja esas consideraciones. Para el inversionista extranjero ese es un parámetro decisivo: llegar a un país con tasa de cambio de suave devaluación, no traumática para sus importaciones, sí protectora de sus exportaciones.